¿Alguna vez has sentido algo antes de que pasara? ¿Has sabido algo de alguien sin que te lo dijera, y luego te has convencido de que fue casualidad?
Si esto te suena, esta meditación es para ti. No necesitas creer en nada en concreto. Solo estar dispuesta a escuchar una parte tuya que casi nunca te dejan escuchar.
Por qué sientes cosas que no puedes explicar
No es casualidad. Es tu visión interior: ese lugar desde el que percibes lo que tus ojos físicos no ven. Las intenciones reales de las personas. Lo que hay detrás de una situación. Lo que tu cuerpo ya sabía antes de que tu mente lo entendiera.
Durante años nos han enseñado a desconfiar de eso. A llamarlo casualidad, imaginación o exceso de sensibilidad. Pero esa luz nunca se apagó. Solo estaba cubierta de dudas.
Una meditación para activar tu tercer ojo, sin forzar nada
Grabé esta meditación pensando en quienes perciben cosas que luego no se atreven a confiar. No busca que veas algo espectacular ni que te ocurra nada raro. Busca que le quites, poco a poco, una capa a esa duda.
Qué vas a sentir en estos 18 minutos
Empezamos con respiración y relajación profunda, cuerpo por cuerpo, hasta soltar la tensión que llevas cargando sin darte cuenta. Después trabajamos una visualización guiada en el punto del entrecejo, tu centro de visión interior, para activar tu tercer ojo con suavidad. Cerramos con unas afirmaciones que te ayudan a confiar en lo que percibes.
Cómo practicar esta meditación
Busca un momento tranquilo, a poder ser por la noche. Ponte cómoda, sentada o tumbada, y cierra los ojos. No hace falta que veas nada la primera vez. Ni la segunda. El tercer ojo no se abre a la fuerza: se abre con permiso, con práctica, con confianza.
Si sientes que esto es para ti
Esta meditación forma parte de «Conecta con tu Ser», el canal donde comparto cada miércoles meditaciones guiadas para quienes buscan volver a confiar en sí mismas. Puedes suscribirte aquí, en el canal de YouTube, para no perderte las próximas.
Si esto resuena contigo, aquí estoy.
Autor
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Soy Vanesa Recuerda, y mi vida, antes de descubrir la meditación, era un caos absoluto
Vivía atrapada en una vorágine de problemas que parecía no tener fin. Mi familia, aquella que se supone debería haber sido mi refugio, me dejó sintiendo que no era querida. Crecí sintiendo que siempre faltaba algo, que no importaba cuánto me esforzara, nunca era suficiente. Esa sensación de vacío me acompañó durante años, y sin darme cuenta, la llevé conmigo a todas las áreas de mi vida.




