Hay noches en las que buscamos una señal. Algo que nos diga que no estamos solas en esto que estamos viviendo.
Si hoy es uno de esos días, quiero contarte por qué grabé esta meditación guiada de paz interior, y qué puedes esperar de ella.
¿Por qué buscamos sentir la presencia de Dios?
Cuando la mente no para, cuando el miedo se instala y la calma parece lejana, es normal buscar algo más grande que nosotras mismas. No es debilidad. Es el alma pidiendo espacio para respirar.
La presencia de Dios no suele llegar en medio del ruido. Llega en la calma, cuando por fin nos permitimos parar.
Una meditación que nace de una noche real
Yo también he tenido noches así. Noches en las que necesitaba una señal y no sabía dónde buscarla. Por eso grabé esta meditación: no desde la teoría, sino desde lo que yo misma he vivido y necesitado.
Qué vas a sentir en estos 15 minutos
Esta es una meditación guiada de 15 minutos pensada para esos momentos en los que sientes que ya no puedes más. Te va a ayudar a soltar la tensión que llevas cargando sin darte cuenta, a bajar el ritmo de una mente que no para, a escuchar en la calma esa voz que muchas veces tapamos con ruido, y a recordar, sobre todo, que no estás sola.
Cómo practicar esta meditación de paz interior
Busca un lugar tranquilo donde nadie te interrumpa. Ponte auriculares si puedes. Cierra los ojos, respira conmigo, y hazte espacio. No hace falta hacer nada bien. Solo estar presente.
Si sientes que esto es para ti
Esta meditación forma parte de «Conecta con tu Ser», el espacio donde comparto cada semana meditaciones guiadas, reflexiones y herramientas de conexión espiritual para quienes buscan volver a casa: a ellas mismas.
Si sientes que esto resuena contigo, aquí estoy.
Autor
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Soy Vanesa Recuerda, y mi vida, antes de descubrir la meditación, era un caos absoluto
Vivía atrapada en una vorágine de problemas que parecía no tener fin. Mi familia, aquella que se supone debería haber sido mi refugio, me dejó sintiendo que no era querida. Crecí sintiendo que siempre faltaba algo, que no importaba cuánto me esforzara, nunca era suficiente. Esa sensación de vacío me acompañó durante años, y sin darme cuenta, la llevé conmigo a todas las áreas de mi vida.




